jueves, 7 de abril de 2016

El Amor y la Muerte, El Príncipe y la Princesa; historia de dos campesinos cuyo destino sólo es separado por la Parca

Panorámica del Río Cauca, en el Occidente Antioqueño.

En el año 2002, después que se diera el acontecimiento del nacimiento de Zahorí en las afueras del Área Metropolitana, visitamos a una pareja de adultos mayores que deciden casarse por segunda vez. Naturales del municipio de Anzá, Roberto Arteaga y su esposa Blanquita llevan mucho tiempo viviendo juntos en la entrada al municipio, todos los que los conocen, dan buena fe de su estable unión contando anécdotas sobre la unión de estos dos esposos.

Semblanza de doña Blanquita de Arteaga,
quien se casa y a los pocos días enviuda. 
Semblanza de don Roberto Emilio Arteaga,
quien muere a tan solo dos meses de volverse a casar con Blanquita.


Luego, por todas las calles de Anzá, ronda la muerte, la parca. Vestida de todo negro, la Parca representada bajo la imagen de un hombre, sale a velar por la vida de Roberto. Se acercaba la Semana Santa, y Blanquita y Roberto al fin se casan en la parroquia del pueblo. Al poco tiempo él muere durante el viernes Santo, y los anzarinos combinan su entierro con la procesión del Vía Crucis.


Roberto y Blanquita durante su matrimonio.
La muerte, "la Pelona", rondando por el puente de Occidente. 



El mensaje que lleva esta experiencia es terrible: Así como se nace, también se muere. Podemos nacer libres, con sueños, y con esperanzas, como Zahorí en "Tiempo de Nacer", pero a la hora de morir, como Roberto en "El amor y la Muerte", todo se confabula. Nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos.

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